Vivir un duelo implica vivir una pérdida significativa en nuestras vidas, ya sea por el fallecimiento de una persona cercana, o por perder la salud como las ilusiones que se tenían sobre una situación.

Para Bucay, el duelo implica ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y enfrentar el dolor de la ausencia.

El duelo es un proceso que lleva tiempo y por el que se atraviesa por diversas etapas, a continuación te las presentamos:

 

Negación

Es un “amortiguador” psicológico que nos protege del conocimiento o de las emociones que aún no podemos manejar mental, emocional y espiritualmente.

 

Enojo o agresión

Puede ser muy destructivo se convierte en culpa invalidante o en amargo resentimiento. Detrás de este enojo hay un profundo dolor encubierto.

 

Negociación

Es un intento desesperado por mantener el control, por no aceptar la pérdida, por no renunciar, es otro de los disfraces de la negación.

 

Tristeza

Implica dar por perdido lo perdido. Su riesgo es que puede transformarse en autoconmiseración, e insatisfacción.

 

Aceptación

Es la meta del proceso de duelo, implica que aceptamos nuestra impotencia y aceptamos la perdida y la realidad tal como es.

 

Aceptamos, finalmente que a pesar de nuestros sueños y fantasías, que lo perdido no va a volver a nosotros.

La elaboración del duelo significa un importante grado de recuperación, aceptación y adaptación. Poco a poco podemos recuperar nuestra estabilidad, energía, esperanza, capacidad de gozar y tener confianza en la vida.

 

“El sentido del sufrimiento es este: todo sufrimiento genera
crecimiento. Nada de lo que nos ocurre es negativo, absolutamente
nada. Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más
importantes, son siempre regalos”.
(E. Kübler-Ross)

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