Sería sumamente difícil contradecir la aseveración de que no se puede lograr la sobriedad a menos que sinceramente se desee tenerla. No se puede encontrar a un Dios, tal como se le pueda concebir, a menos que se le busque sinceramente. Es también cierto que no se pueden obtener los beneficios plenos del Programa a menos que sinceramente se viva éste.

El engaño de sí mismo es difícil de reconocerse, pues de otra forma, dejaría de ser engaño. La sinceridad con uno mismo sólo puede ser adquirida por medio del estudio diligente de nosotros mismos, de nuestros ideales, de nuestras ambiciones y de nuestros motivos.

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