Un arma de la persona que padece alcoholismo es la facultad para hacer perder la paciencia. Si el familiar o el amigo se enfurecen y se torna hostil, la ayuda que podrá ofrecerle al alcohólico será poca. Consciente o inconscientemente, el alcohólico está proyectando en la otra persona una imagen del odio que siente hacia sí mismo.

Luego el alcohólico le encuentra una justificación en su mente al haber bebido en el pasado y tiene ahora una excusa adicional para beber en el futuro. El perder el temperamento destruye la oportunidad de ayudar en ese momento.

“Una guía para la familia del alcohólico”, Grupos de Familia Al-anon

 

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