Uno de los efectos de la adicción tanto en la familia como en quien la padece es la dificultad para no reaccionar de forma impulsiva, y detenerse a pensar. Cuando esto sucede reaccionamos a todo lo que vemos, convirtiendo pequeños incidentes en crisis serias.

Cuando modificamos nuestra forma de pensar y como percibimos las cosas, nos volvemos menos “reaccionarios”, antes de contestar o alzar la voz podemos preguntarnos ¿qué tan importante es? ¿Qué puedo hacer para mejorarla? ¿Qué no puedo cambiar pero sí aceptar? Nuestra actitud y la forma en que nos relacionamos con los demás cambia cuando nos detenemos a pensar ¿qué dices, te atreves a intentarlo?

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