De acuerdo al NIDA, National Institute on Drug Abuse, de Estados Unidos por sus siglas en inglés, fumar una droga o inyectarla, aumenta su potencial adictivo ya que penetra al cerebro en segundos, produciendo una sensación inicial intensa de placer.

Sin embargo, este “rush” o euforia instantánea puede desaparecer en minutos, lo que lleva a las personas a repetir el abuso con la intención de volver a sentir ese estado placentero.

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