Reconocemos que tener un hijo con adicción conlleva múltiples emociones dolorosas como el enojo y la tristeza, la culpa y el temor. Sin embargo son estas emociones las que muchas veces promueven que sobreprotejamos a nuestro hijo de asumir las consecuencias de su enfermedad.

Padres y madres que por el “bienestar” de su hijo mienten, gastan dinero, encubren faltas. Una y otras vez rescatan, el miedo y la culpa los domina y terminan accediendo a “ayudar” a su hijo con adicción una vez más. La enfermedad abusa de ellos. Sin embargo hay esperanza, existen alternativas para convivir con la adicción de un hijo; en la recuperación los padres aprenden a manejar sus emociones, a desprenderse emocionalmente sin sentirse “malos papás”. Si bien no siempre es fácil, sí es posible. http://bit.ly/1k3SEXd
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