En algunos ambientes familiares con adicción el sufrimiento es tan constante que a veces se vuelve una forma de vida que paraliza a las personas. Los miembros de la familia abandonan proyectos, pierden la esperanza, se dan por “vencidos” y pareciera que se estancan emocionalmente.

No es hasta que uno de ellos tiene cambios, (no necesariamente la persona que consume) que empieza a romperse el sufrimiento y se genera la esperanza.
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