Para nosotros es fácil descuidar el programa espiritual y dormirnos en nuestros laureles. Si lo hacemos, nos encaminaremos hacia problemas, ya que el alcohol es un enemigo sutil. No estamos curados del alcoholismo. Eso que nosotros poseemos, verdaderamente es un alivio contingente que depende de nuestro modo de mantenernos espiritualmente en forma. Cada día debemos intentar hacer la voluntad de Dios en todos nuestros actos:

¿Cómo te puedo servir mejor? Qué tu voluntad se haga (y no la mía).» Estos son pensamientos que debemos llevar siempre con nosotros. En este punto podemos mantener en ejercicio nuestra voluntad todo lo que queramos. Es el ejercicio que verdaderamente le conviene a nuestra voluntad”.

Libro Azul, de Alcohólicos Anónimos

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