Tú no eres responsable de las decisiones y el comportamiento de otro. No puedes controlarlo por más que trates. No puedes evitarle las tentaciones, ni protegerlo de los peligros. Estas declaraciones son ciertas, y nuestra serenidad empieza solamente cuando empezamos a soltar con amor a la persona que tratamos con ahínco de controlar y proteger”.

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