Tanto para la persona que consume y se encuentra en recuperación como para sus familiares, una recaída, es decir, volver a consumir tras un periodo de sobriedad, puede ser vivida con gran dolor.

Los temores antiguos regresan, los patrones de querer rescatarlo o controlarlo puede que afloren, la persona con adicción puede empezar a culpar. Sin embargo lo más importante para ambos, es mantener la calma, cada uno debe hacerse responsable de su propio bienestar y cuando sea posible, brindar apoyo. Por lo general cuando ambos tienen un proceso de recuperación, la recaída no es percibida como una crisis, sino como un reto a superar.

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